LA CRUZ DEL CERRO

Esta leyenda se remonta a varios años atrás cuando Hijuelas no contaba con los adelantos que hoy  cuenta y era un pueblo rural dedicado solamente a la Agricultura.

             Se cuenta que cierta noche, como a las doce, apareció un jinete encapuchado, vestido de negro, montado sobre un corcel también negro, llevando en su mano un látigo larguísimo hecho de fuego con el cual quemaba las cosechas mientras se desplazaba sin emitir ruido alguno y sin topar el suelo.

             Los espantados campesinos se encerraron en sus casas, trancando sus puertas y apagando las luces, solamente los más curiosos y valientes se atrevieron a mirar por las rendijas para observar el pavoroso espectaculo.

             El jinete negro, que no era otro que el mismo demonio, hizo su aparición en la Punta de Torrejón desplazándose hasta la actual calle Conchalí, enfilando luego hacia el cerro La Cruz, en cuya cima desapareció, habiendo dejado a su paso campos quemados o chamuscados.

             Esto volvió a ocurrir noche tras noche en idéntica forma y los habitantes del lugar no se atrevían a salir de sus casa una vez que oscurecía.

             Los campesinos desesperados fueron a hablar con el señor Cura de Hijuelas, relatándole todo lo que estaba sucediendo , y que para ellos significaba ruina y esfuerzo perdido.

             El señor Cura organizó una procesión con velas y cirios que partió al oscurecer desde la antigua Parroquia de Hijuelas que se levantaba donde hoy está la Plaza, encabezando la procesión se portó una gran cruz de madera que fue clavada en el lugar donde el jinete negro desaparecía, el señor Cura bendijo la cruz de madera y toda la cumbre del cerro y entre cánticos y oraciones llegó la hora en que el demonio debía aparecer.                                                   

      A la medianoche una gran luminosidad se dejó ver hacia   Punta de Torrejón, era el jinete negro que comenzaba su recorrido habitual de destrucción, pero al llegar a la cumbre del cerro y encontrarse con la Cruz bendita, lanzó un horrible alarido de desesperación, huyendo hacia las cumbres nevadas de la Cordillera de la Costa, para no volver a aparecer nunca mas. En la cumbre del cerro ha quedado la cruz como garantía de ello y ha llegado a convertirse en un símbolo de Hijuelas.